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      Quintero eterno

      Quintero es historia: ya se despidió del plantel y del cuerpo técnico y en horas se hará oficial su pase al Shenzhen chino. Su legado en River durará para siempre.

       

      “Quién es Juan Fernando Quintero, el amigo de Maluma que refuerza a River”. Así se titulaban las notas a fines de enero de 2018, cuando River incorporaba a Juanfer. Después de dos años y medio, Quintero se va de Núñez. Pasó de “amigo de Maluma” a ser el héroe que hizo el gol más importante de la historia de River y del fútbol argentino y sudamericano. Así se despide hoy, lleno de amor. Para los hinchas ahora Maluma es “el amigo de Juanfer”. Y es que el zurdo se ganó el corazón de la gente por su juego exquisito, por su carisma, por su pegada de extraterrestre y específicamente la de aquel 9 de diciembre contra Boca en el Santiago Bernabéu, para estallarles en mil pedazos el arco a Andrada y las cuerdas vocales a millones de personas.

      Ocurrirá con todos los protagonistas de aquella gesta, pero especialmente con algunos tocados por la varita como él: decir que Quintero se despide de River nunca será del todo cierto, porque el colombiano ya es eterno, ya es sinónimo del club, su nombre está escrito indeleble en el capítulo más dorado de estos 119 años. Pero su fútbol, en todo caso, desde el punto de vista más empírico posible, sí se mudará. Y bastante lejos: a Shenzhen, en la provincia de Cantón, al sureste de China y a 18.506 kilómetros del River Camp. Hacia Ezeiza se dirigió Juanfer este sábado para despedirse de todos sus compañeros, del cuerpo técnico, de los colaboradores del predio. De su familia, como dijo varias veces a lo largo de estos años.

      Y es que, aunque todavía no sea oficial su venta al fútbol chino, sólo restan algunos mínimos detalles después de la conversación que mantuvo Rodolfo D’Onofrio con sus representantes para que Quintero pase al Shenzhen FC por las próximas tres temporadas a cambio de unos u$s 7,8 millones limpios por el 100% de sus derechos económicos, anabolizados por la condonación de una deuda salarial cercana al millón y medio de dólares. Cuando a principios de la semana entrante se terminen de cerrar algunos puntos menores de la negociación, el club lo hará oficial, pero Quintero ya dijo adiós. Probablemente el entrenamiento del sábado haya sido el último del 10, antes de este domingo de descanso para todo el plantel: por eso fue a despedirse como de a poco empieza a hacerlo, también, en sus redes sociales. Así, en las próximas horas el futbolista viajará a Shenzhen con una escala de vacaciones previa en Estados Unidos: recién el 1 de septiembre vuelve a abrirse el libro de pases en China.

      Juanfer cambiará su “lugar en el mundo” por los dólares chinos, pero no la gloria: la gloria ya la ganó. y es para siempre. Ya nadie lo olvidará. “¡Hacete cargo!”, le gritó Gallardo en la semifinal de ida contra Gremio. Quintero se hizo cargo. Algunos días después, luego de ingresar por Ponzio en el entretiempo de la final, las cámaras dieron cuenta de aquello: “¡Nacho, Nacho! ¡Dámela a mí!”, le pedía a Fernández poco antes de su obra de arte. Tan tocado estuvo que, de paso, también asistió de cachetada -después de un taco que no fue- al Pity Martínez para el gol que decretaría el fin del fútbol como lo conocíamos. El colombiano de Envigado le dio el pase a Martínez, pero el mendocino se lo dio a él un rato después: le dejó la 10 que usaron los grandes de la historia, y Quintero ya es uno de ellos. Lució esa camiseta de manera brillante, con golazos incluidos como aquel tiro libre contra Racing que compitió en FIFA por el Puskás, hasta esa maldita lesión contra Independiente, esa rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda que le impidió casi hasta el final de sus días en River mostrar el pedazo de jugador que es, pero que le permitió entender en perspectiva lo que había logrado en Madrid.

      La historia ya está escrita. A sus 27 años, Quintero se va a China. Deja su legado, la camiseta 10, una sonrisa inolvidable, ese festejo en el que frota una lámpara, aunque el genio fuera él mismo: todo será para siempre.

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